Tengo conciencia de los que ya no están;
desaparecidos, huidos, ahuyentados.
El único dolor mío, es el no quererme;
estimarme, mimarme, iluminarme.
Mi voz de ahí dentro, pugna por salir a encontrarse con el cielo,
y con la tierra…
pero difícil es esto último.
Cada uno vive como cada cual, como se puede, queremos o nos dejan.
Mi corazón desabrigado de esperanzas pasa dolor y frio.
Es ya, muchos años, pasados, de desconsuelo, de vergüenza,
de silenciarme con alevosía.
Pero supongo alguna fuerza encontrare en mí.
Acabose el duelo, solo quedo yo, el más allá se fue.
Aun así, solo una certeza tengo,
los dos quisimos… pero no nos dejaron.
Y ahora ya todo esta fuera de lugar, descolocado y siniestro.